Los coches en ciudades cubanas; vigencia e hidalguías

No hablaremos de los “almendrones¨, (coches antiguos norteamericanos) que como estampas circulan todavía por las ciudades y carreteras cubanas. Estos, creo, que no se ven por estos días en ningún lugar del mundo y mucho menos en el perfecto estado de conservación que tienen, a pesar de su procedencia estadounidense en su inmensa mayoría.

Se trata de los coches tirados por caballos que muchas generaciones de cubanos han usado como transporte público urbano y suburbano para trasladarse en tramos cortos.

Este medio, cuya génesis se remonta al siglo XVI, estuvo en su aparición estrechamente vinculado a personas distinguidas que viajaban en litera o andas y por las ciudades en silla de mano o a caballo, por lo común en mulas, particularmente los médicos.

En tiempos coloniales, cuando Cuba aún no se preveían las carreteras y solo existían caminos reales intransitables, el quitrín –carruaje de caballos origen indígena– permitió recorrer los buenos y difíciles senderos, atravesar llanuras, subir lomas y transitar por entre baches sin quedar estancado en ellos.

Incluso, los carros han sido protagonistas de algunos episodios de la guerra de independencia cubana y bien vale la pena un recorrido en ellos.

Se cuenta que el primero de los coches penetró por la aduana habanera, procedente de París, respondiendo a un pedido del rico comerciante José Alonso.

Sin embargo la transformación actual no niega el buen gusto del cubano por este tradicional carruaje.

No importan los vehículos introducidos con la modernidad, para éste tipo de circulación, los tranvías, los autobuses, los taxis y hasta la bicicleta. El coche mantiene su estilo y características propias -eso sí- y está a tono con los nuevos tiempos, hace tiempo sirve de atracción para los turistas que nos visitan, quienes no desdeñan un agradable paseo en ellos.

No en balde son muchos los que opinan que éste transporte tiene y da distinción en las orientales ciudades de Bayamo, denominada “la ciudad de los coches”, y de Guantánamo; de Cárdenas y el balneario de Varadero en la región occidental, y las centrales provincias de Santa Clara, Santi Spíritus, Sagua la Grande o Ciego de Ávila.

En ellas transitan los añejos coches devenidos patrimonio de los habitantes de urbes que acentúan lo histórico en calles que conservan calles de adoquines, motivo de un pasado que aun está presente.

En cada territorio los propietarios los han dotado de elementos distintivos regionales y algunos hacen galas de adornos, nombres o refranes colocados como anuncios que constituyen un “valor agregado” a éste carro de más de 140 piezas -hechas y ensambladas a mano- .

 

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