Todos los negros tomamos café…

Así dice un estribillo de una popular canción cubana que inmortalizó el simpático negro criollo Ignacio Villa, artísticamente conocido como Bola de Nieve.

Su homenaje al café, dicho con su voz alegre y quebrada, al son de su piano nítido, redundaba una idea de Fernando Ortiz, uno de los más grandes sabios de Cuba, etnólogo y africanista, quien reunió en un breve pensamiento a tres sujetos ineludibles de la vida en la Isla. Así dejo dicho Fernando:

-…en la historia cubana hay otro personaje de gran categoría: es el café. Llego a Cuba algo tarde, cuando el tabaco y el azúcar ya se conocían desde hace siglos. Si el tabaco fue nativo tesoro de América  y el azúcar fue riqueza originaria del continente euroasiático, el café ha sido un don del África negra…-

El hecho en concreto es que en la vida real los cubanos, negros y blancos, son tomadores habituales de café. Una significativa tradición es ofrecerlo siempre como una regla de oro de cortesía cuando alguien visita nuestra casa, o también con el pretexto agradable de alargar los almuerzos para ofrecer una coladita de café acabado de hacer, que se acostumbra a servir en las mejores tazas que hay en la vajilla y se convierte así en una agradable sobremesa.

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