El béisbol en Cuba está en crisis, hace falta que no la dejen morir

La pelota ha sido para los cubanos desde el siglo XIX un motivo de identidad, orgullo y expresión de la cultura nacional. A través del béisbol los isleños fueron siempre capaces de expresar sus pasiones y desahogar sus frustraciones.

Durante el siglo XX el deporte de las bolas y los strikes acusó desarrollo constante que llevó a la Isla a convertirse en la segunda potencia beisbolera mundial y la primera entre los amateurs. Desafortunadamente el enfrentamiento político entre el gobierno surgido después de 1959 y la eliminación del profesionalismo en 1961 detuvo la inclusión de peloteros cubanos en los torneos de Grandes Ligas.

A partir de entonces la pelota en Cuba debió concentrarse en el amateurismo y las Series Nacionales se convirtieron en el principal espectáculo deportivo de la nación. La construcción de nuevas instalaciones y formación de deportistas en la base dio como resultado una época dorada entre 1975 y 1999 en la que la mayor de las Antillas abrumó a sus rivales amateurs y lo ganó prácticamente todo. En ese momento la Isla contaba – y no sólo en su selección nacional – con numerosas figuras que hubiesen podido jugar y establecerse en Grandes Ligas.

No es menos cierto que sus rivales amateurs carecían, en su inmensa mayoría, de calidad y empaque, pero en los contados topes en los que toparon con equipos profesionales también vencieron lo que dotó a la pelota cubana de una aureola de invencibilidad.

Sin embargo, toda la gloria del béisbol cubano parece haber quedado en el pasado. Los cubanos que fueron testigos de la calidad probada de los peloteros cubanos a nivel de selección ya peinan canas y todos coinciden en que los jugadores que saltan hoy a la grama de los estadios no pueden compararse con los de épocas pasadas.

En su afán de justificar las derrotas repetidas en eventos internacionales, algunos “especialistas” culpan a los managers. Pero esta es una apreciación injusta que parte de un desconocimiento del nivel actual de la pelota que se juega hoy en Cuba. Sencillamente, no se puede vencer a jugadores profesionales si los peloteros de la Isla no poseen el nivel técnico – táctico necesario para poder enfrentarlo.

Varios factores han provocado el penoso estado actual del béisbol cubano y el deterioro cualitativo de las Series Nacionales, la cantera de la cual se nutre el equipo nacional

El primero y más antiguo fue, por supuesto, la eliminación del béisbol profesional, que cortó de cuajo la inserción de los peloteros cubanos en los circuitos de Grandes Ligas de Estados Unidos, donde superaban en número, y con creces, a los jugadores del resto del mundo. De ser la segunda potencia beisbolera del mundo Cuba fue cayendo de forma sostenida de esa posición de privilegio y es hoy superada por naciones que antes no podían ni soñar con medirse con la mayor de las Antillas.

Es cierto que el sostenido éxodo de peloteros cubanos en las últimas tres décadas hacia los circuitos profesionales ha desangrado al béisbol cubano; pero esos peloteros se marchaban porque las autoridades de la Isla no les permitían contratarse en el exterior y regresar a jugar en Cuba como sucedía antes de 1961. Cuando finalmente les dejaron la calidad había descendido tanto que ya casi no había remedio para la pelota cubana.

A la debacle ha contribuido, además, la salida sostenida hacia el exterior de técnicos calificados que ha destruido el béisbol en la base. Los peloteros cubanos llegan a las Series Nacionales arrastran tantas deficiencias formativas que el talento queda limitado por las limitaciones técnicas no superadas.

Por decisiones que tenían que ver más con cuestiones económicas que deportivas se eliminaron en Cuba las Series Selectivas, donde se concentraba la calidad y se elevaba el nivel de los jugadores. Este error lo ha pagado caro la pelota cubana, pues las débiles Series Nacionales hipertrofian los números de los jugadores de mayor calidad y dan una idea desmedida de su nivel real, que queda revelado cuando salen a jugar al exterior.

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