Encontrar comida en La Habana se está convirtiendo en una odisea

Dos problemas grandes están afrontando los habitantes de La Habana a la hora de conseguir lo necesario para encender los fogones: En primer lugar el precio de los alimentos que crece de forma lenta, pero sostenida (una libra de bistec de cerdo no baja de 50.00 pesos en el mercado libre); y en segundo la carencia de ofertas, sobre todo de cárnicos en los tiendas recaudadoras de divisas, que se extiende por rachas más o menos largas, pero siempre constantes.

Tras un mes en que se alternaron los ciclos de semi abastecimiento con los de desabastecimiento total, el fin de semana pasado finalmente comenzaron a aparecer algunos productos en las tiendas como paquetes de picadillo de pollo y res, hamburguesas y paquetes de salchicha. Sin embargo, los paquetes de muslos pechugas o muslos de pollo, que son los que gozan de mayor demanda entre la población permanecen “perdidos”.

La “desaparición”, como suele suceder en la ciudad es general. Cuando un producto se pierde lo hace parejo. No importa cuántas tiendas visite el ávido comprador, el resultado será siempre el mismo.


Curiosamente, cuando desaparecen los muslos y las pechugas, el Estado atiborra las neveras de algunas tiendas con pollos enteros de 2 200 gramos que venden a 5.20 CUC. A los habaneros, esta oferta les seduce poco, porque, salvo la pechuga y en ocasiones los muslos, el resto no les sirve de mucho. La mayoría considera que comprar “pollo entero” es “tirar el dinero”; pero cuando es la única oferta no queda más remedio que comprarlo.
Ante el enorme desabastecimiento las autoridades han optado por concentrar los productos en las grandes tiendas, lo que provoca no sólo que muchos clientes deban cruzar en ocasiones varios municipios para llegar a ellas; sino también enormes colas, porque los establecimientos no cuentan con personal, post y cajas suficientes para poder atender la avalancha de personas que les va a encima.
El fin de semana pasada sólo se vendían muslos de pollos en el Centro Comercial Carlos III en Centro Habana y en la cola que daba la vuelta a las neveras y continuaba fuera del local donde se ofertaban los cárnicos se aglomeraban personas de lugares tan distantes como Alamar o La Lisa.


Que el Estado se muestre incapaz de mantener un abastecimiento de cárnicos medianamente decente en La Habana tiene un efecto dominó sobre los precios de la carne de cerdo en el mercado libre: la libra de pierna, lomo o paleta ronda los 35.00 pesos, la de bistec se cotiza en 50.00 y la recortería no baja de los 30.00. Precios totalmente inalcanzables para la inmensa mayoría de los habitantes de la ciudad.
Irónicamente, la Televisión Cubana sigue bombardeando al pueblo sobre la importancia de llevar una dieta balanceada en la que se consuman por igual pescado, carne, frutas, lácteos y vegetales.

 

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