No sólo vivir con una miseria, sino sufrir para cobrarla

Para los jubilados cubanos es casi imposible sobrevivir con el poco dinero que reciben como pensión tras haber trabajado toda su vida; pero sus problemas no se reducen a eso, poder cobrar lo que por derecho les corresponde representa para ellos una verdadera odisea.

A pesar de que en Cuba los pensionados pueden cobrar sus chequeras en los bancos, las casas de cambio (CADECA) y muchos por tarjeta magnética el proceso no es fácil para ellos.

Las tarjetas magnéticas chocan con la insuficiencia del número de cajeros, el mal funcionamiento de estos o la escasez de efectivos. Además, para los ancianos, no acostumbrados a relacionarse a diario con la tecnología, enfrentarse a un cajero es todo un reto. Cometen errores a la hora de operarlos, lo que provoca que las tarjetas se traben o sean retenidas por el equipo y, cuando piden ayuda a personas extrañas corren el riesgo de ser estafados o robados.

Que la tarjeta sea retenida por error del cliente o el mal funcionamiento del cajero provoca un gran estrés a los ancianos, que deben esperar largas horas a que los funcionarios del banco abran el equipo y la devuelvan.

Correos de Cuba, por su parte suele ser una opción poco atractiva para cobrar porque las colas son enormes. Lo más común en los locales de esas empresas es ver el personal perdiendo el tiempo o dedicado a tareas menores como vender postales del día de las madres (en cualquier fecha del año) mientras una sola ventanilla atiende el pago de las chequeras de los ancianos, la venta de sellos fiscales y el cobro de los giros.

Mejor para los ancianos es cobrar en las CADECAS, donde la cola suele caminar más rápido. El problema es que las casas de cambio han ido disminuyendo en número a lo largo del tiempo y a muchos jubilados cada vez les quedan más lejos. También suele suceder que en las fechas en que estos deben cobrar sus pensiones se queden sin efectivo, debido al gran número de clientes que reciben.

Un problema que es imposible que suceda en los bancos. Allí no se acabará jamás el dinero, pero las colas son colosales, debido a que a ellos acuden multitud de personas para hacer infinidad de gestiones. Los bancos, además, fieles a la cultura del maltrato que se ha entronizado en las instituciones cubanas obligan a sus clientes (sin importar patologías o edad) a realizar las colas fuera de los locales bajo la lluvia o el sol.

Así sufren mes tras mes los ancianos en Cuba para cobrar una pensión que, después de tanto trabajo no les alcanza para nada.

¿Qué puede comprar realmente un anciano jubilado en Cuba con una pensión mensual de 10 dólares?

El gobierno cubano acaba de incrementar la pensión mínima a los jubilados a 242 pesos cubanos (unos 10 cuc), un valor que se encuentra muy distante a garantizar que quienes han dedicado su vida a su trabajo puedan disfrutar de una vejez plena y cómoda.

Cuba es un país envejecido, los jubilados tienen que seguir trabajando aún con edades avanzadas para poder subsistir y afrontar los precios de un sistema económico que cada vez está más enfocado al turismo que a los propios cubanos. A raíz de esto, los precios se van volviendo cada vez más inalcanzables para más y más cubanos, los cuales cada día ven como suben los precios de restaurantes, bares y demás negocios particulares.

Es realmente triste para los jubilados el saber que con su modesta pensión solamente tendrán acceso a adquirir los racionados productos de la canasta básica que se expende en las bodegas, un compendio de productos que incluye aceite, arroz, azúcar y poco más, pero que a la hora del ir al agro con la libra de carne de cerdo rozando los 50 pesos y la libra de tomate a 15 pesos bien poco pueden hacer. Prácticamente el jubilado tiene que escoger en que mes se va a comprar el aseo y en cual la carne porque con su pensión solo le da para quedarse con “Juana o con la hermana”.

Si por el contrario enfila sus pasos a una tienda en divisas el panorama es aún peor. Una botella de aceite, una cajita de puré de tomate y un paquete pechuga de pollo ya casi cuestan los 10 cuc que se reciben a modo de pensión.

Ahora si por el contrario el jubilado quiere comprarse algo de ropa ahí si se le trabaría el paraguas, ya que el precio de un pantalón que no sea de los más caros puede hasta triplicar sus modestos 10 cuc.

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