Cuba despierta el amor

Si has corrido con suerte en la vida, como yo, tienes a tu lado a alguien que te invita y te acompañe, como dicen los poetas, a perseguir quimeras. Pero a veces, hasta la suerte corre el riesgo de convertirse en rutina. El ajetreo cotidiano termina por mecanizar cada movimiento y en la interminable lista de tareas pendientes el placer ocupa el último lugar.

En mi experiencia he comprobado que pocas cosas suelen ser tan efectivas para oxigenar la vida como viajar en pareja a sitios que, no solo te harán sentir vivo, sino que te permitirán recordar, por si lo has olvidado, por qué te enamoraste en primer lugar.

Este año, Cuba no ha escapado de mi obsesión y lo confieso, soy de esas personas a las que le gusta planificar hasta el último detalle de sus viajes para no malgastar ni un segundo: escarbo minuciosamente en los rincones de la Internet para encontrar las opiniones más útiles sobre lugares de interés, aquello que no debes perderte y las sugerencias que aparecen en páginas de renombre.

De esa manera, mi pareja y yo seleccionamos tres ciudades de la Isla para descubrir ese sitio del cual nos habían hablado tanto, pero del que conocíamos muy poco. Nuestra aventura en el Caribe nos llevó a La Habana, Cienfuegos y Cayo Santa María, un circuito ideal para vivir una historia de amor.

 La Habana: amor a primera vista

Es cierto. En el mundo existen ciudades más hermosas que La Habana, pero ella no se parece a ninguna otra. La capital cubana es una mujer madura, con arrugas propias de quien ha vivido mucho y sobrevivido a todo, pero que preserva como pocas, su encanto. Esa urbe singular está llena de escenarios icónicos, ambientes surreales y ritmos contagiosos que una vez que los descubres, comienzan a formar parte de la banda sonora de tu vida.

Como nos gusta estar siempre en el centro de la vida cultural de un país, nos alojamos en el Tryp Habana Libre, ubicado en una de las arterias más conocidas y populosas de la ciudad. Allí, la aventura comenzó desde el balcón. Su vista privilegiada te permite observar los detalles que solo pueden verse desde las alturas: la silueta de una ciudad de 500 años a la cual las cúpulas y una arquitectura ecléctica moldean a su antojo.

Pero una ciudad no se puede sentir solo desde lejos. Hay que andarla para adentrase en la cultura de su gente. Solo de esa forma descubrirás que los habaneros no imaginan su vida sin el malecón, el Paseo del Prado, la Alameda de Paula o el Capitolio Nacional, una joya del patrimonio que quedará completamente renovada para celebrar el cumpleaños de la ciudad.

Para ellos sería impensable que los almendrones se retiraran, que el cañonazo enmudeciera y dejara de sonar cada noche justo a las nueve o renunciar al atardecer desde el Cristo de La Habana.

En mi viaje también comprendí que la salsa es mejor si se baila en pareja, sobre todo en un lugar como el Habana Café, en el Hotel Meliá Cohiba, donde el sonido de los Van Van resuena en un Chevrolet descapotable y un Buick de 1957, piezas que ambientan cada noche un espectáculo con puro sabor cubano.

Me di cuenta además de que un cóctel campeón mundial como el Adán y Eva, preparado por su propio creador en el hotel Tryp Habana Libre, puede estimular tu fantasía en medio de una urbe cosmopolita. Descubrimos una ciudad que, como un enamorado, da todo de sí, sin esperar nada a cambio.

Cienfuegos: en busca de la Perla del Sur

Después de días intensos en la capital, nos encaminamos al sur de la Isla para ver de cerca otra de esas ciudades enigmáticas que miran al mar. Cienfuegos deslumbra por espacios majestuosos que se levantan al borde de la bahía y presume de una arquitectura que rinde culto a su pasado español y francés. A más de 200 kilómetros de La Habana, también encontramos la inspiración.

Para nuestra estancia, elegimos el hotel Meliá San Carlos, situado en el Centro Histórico de la ciudad y a pocos metros de los principales sitios de interés turístico y cultural. Aún se conserva de su arquitectura original la fachada de estilo ecléctico, aunque el espacio se ha enriquecido con nuevos patios interiores y habitaciones totalmente renovadas.

Pero sin dudas uno de los sitios más especiales es su Roof Garden, considerado por los locales como el mirador por excelencia de la urbe. Allí, con la ciudad a nuestros pies y acompañados de un traguito de ron cubano, nos olvidamos del mundo.

La ubicación de lujo del San Carlos te recuerda siempre que hay una ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad que espera por ti. Por eso, no esperamos mucho para ponernos en contacto directo con su historia, cultura y tradiciones.

Primero, salimos en busca del Malecón. No es tan extenso como el que custodia La Habana, ni las olas rompen con tanta intensidad como en aquel; más bien, tienen otro temperamento. En sus aguas apacibles se sienten a gusto fragatas y embarcaciones y también quienes practican deportes acuáticos y actividades náuticas.

Después, nos dejamos llevar por la ciudad y desandamos los casi 2 kilómetros de su Paseo del Prado, el más extenso del país. La calle te conduce a columnas, galerías y portales continuos. Es allí a donde van a parar todos sus habitantes para buscar el descanso en los típicos bancos, cobijados a la sombra de los árboles y escapar del intenso calor.

El Prado se extiende hacia el sur hasta el final de la península y allá, a lo lejos, el camino te depara varias recompensas. Descubrimos lugares icónicos como La Fortaleza de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, la única de su tipo construida por los españoles a finales del siglo XVIII de estilo renacentista; o el Palacio de Valle, erigido por artesanos franceses, italianos, árabes, y cubanos. Una de sus tres torres recuerda el monumento del Taj Mahal y simboliza el amor.

Cuba nos sorprendía nuevamente. Sin dudas, la Perla del Sur reluce como una de las principales joyas del patrimonio de esta nación.

 Cayo Santa María: un amor excepcional

Después de viajar miles de kilómetros para conocer esta isla del Caribe, había que cerrar con broche de oro. Nuestra última parada fue un entorno natural único, custodiado por una Reserva de la Biosfera con la segunda barrera coralina más importante del planeta.

Llegamos a Cayo Santa María, para nosotros, El Paraíso. En una de sus zonas más vírgenes, nos alojamos en el nuevo Paradisus Los Cayos, un contemporáneo ecoresort que ofrece todas las facilidades para vivir el amor en medio de un refinado ambiente natural.

Elegimos el área más reservada, solo para adultos, para disfrutar de mayor privacidad y de una atención más personalizada. Simplemente, encontramos el escondite perfecto: un lugar alejado de las presiones y el ruido del mundo moderno en donde solo piensas en relajarte y disfrutar, sobre todo, si desde la habitación tienes acceso directo a unas de las piscinas del hotel. Es ahí cuando te convences de que la felicidad ya está completa.

Animados por la carta de los 12 restaurantes especializados, emprendimos otro viaje, esta vez, culinario. Cada noche disfrutamos de una cena distinta con sabores propios de las culturas más diversas: desde la tradicional comida mediterránea hasta la asiática, pasando por la innovadora cocina fusión; y supuesto, tampoco faltó esa comida criolla que con ingredientes heredados de la cocina española, africana y aborigen le aportaron a la estancia un matiz exótico.

Pero el momento mágico del día llega cuando se pone el sol. A la orilla del mar o desde el Sky Bar, te das cuenta de que el lujo puede ser tan sofisticado como las burbujas en una copa de champán o un atardecer en las playas de Cuba, un país al que llegas lleno de expectativas, del cual regresas revitalizado, enamorado y con deseos de volver.

Información y fotos Blog Meliá Cuba

 

 

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