El poder en la isla reacciona frente al despertar cívico del pueblo

El sueño de los comunistas, a juzgar por sus acciones, debe ser inventar un “fármaco” que cure la “enfermedad humana” de libertad y democracia. Si no fuera por ese detallito, por ese inconveniente, podrían gobernar eternamente, y ser los dioses redentores de los pueblos. ¿Por qué nos resistimos a ser la masa pasiva y homogénea que debe ser guiada por ellos, “la vanguardia”? –No, no lo pueden comprender.

¡Qué lata!, la gente quiere ser su propio guía, quiere participar en la cosa pública y algunos incluso osan desafiar, con liderazgos naturales, al sacrosanto liderazgo oficial. Porque, qué desgracia para los déspotas, siempre hay algunas personas, que se atreven a salirse del molde, que aspiran a cambiar las cosas y prefieren ser libres. Y lo peor, inquietan el rebaño. Y dejan de ser rebaño.

Martí lo describió con su magistral profundidad y lirismo, que le brotaba sin esfuerzo. Y aunque se esforzara por decirlo sencillo, como en este caso por estar dirigido a los niños, le salía genial: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan (…). En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana.”

Un grupo de sucesos y novedades hacen posible en estos tiempos el despertar de la Sociedad Civil cubana. La Sociedad Política es más vieja, porque desde que salimos de la Comunidad Primitiva existe. Pero en Cuba es compleja y anómala. El poder está monopolizado por el oficialista Partido Comunista de Cuba (PCC) y de manera clandestina, o en el exilio, persiste una oposición muy dispersa, que no ha madurado lo suficiente como para pulsearle un espacio significativo a los comunistas.

Más potencial previsible de romper el férreo bloqueo del PCC a la libertad y el progreso de nuestro pueblo, a no ser que ocurra un milagro en la oposición, la tiene la embrionaria Sociedad Civil. Comenzó, a mi juicio, con intentos de articular sindicatos independientes en la Isla, pero la verdad es que no ha sido un proceso espontáneo ni ha cuajado.

Lo más real fue en 2003, con el surgimiento de Las Damas de Blanco, un auténtico grupo de nuestra Sociedad Civil, cuyos objetivos no son políticos, pues no aspiran al poder, sino que abogan por la libertad y mejores tratos a los presos políticos, y por la defensa de todos los DDHH en general.

Luego con una recurrencia cada vez mayor del arte independiente en este siglo, no solo crítico, sino distanciado en muchos casos del sistema, casi siempre contestatario, surge como su colofón el Grupo de San Isidro. Son artistas de su tiempo, inquietos e insatisfechos con los dogmas y las ataduras, que soltaron sus amarras y se hicieron “embrión” con el Museo de la Disidencia y “criatura que anda” en la lucha contra el Decreto 349.

Con manifestaciones públicas a manera de performance contestatarios; sentadas con expresiones artístico-literarias en sutil o abierta protesta; encuentros de debate; mucho activismo en internet, han trasmitido el mensaje de inconformidad al Gobierno y ayudan a generar conciencia ciudadana. El Gobierno, muy predecible, los cataloga de contrarrevolucionarios, títeres del imperio y mercenarios, igual que han hecho por seis décadas con todo cubano que no los sigue ciegamente.

Otros grupos defensores de los derechos de los animales vienen forjando un trabajo muy interesante y ganando su espacio. Tienen sus propios mecanismos, aunque muy limitados por falta de recursos, de operar en favor de sus objetivos. Han recogido firmas de la población en aras de impulsar una legislación más protectora, y son muy activos en las redes sociales. Recientemente se atrevieron a más, convocando y efectuando una marcha en la capital.

Fue un precedente muy importante, porque por primera vez un grupo de cubanos salió a participar en una manifestación sin ser convocados ni organizados por el Partido Comunista, que siempre lo hace a través de sus organizaciones subordinadas, esas que componen la seudo sociedad civil, o lo que paradójicamente se podría definir como sociedad civil oficial.

La alarma fue tal que tras bastidores se filtró la noticia de que el funcionario del Poder Popular que autorizó la marcha, o la toleró, fue “separado” de su cargo. Les aterra que el pueblo despierte, que pretenda recuperar poco a poco sus derechos, su soberanía, que comencemos por esos temas no políticos y terminemos reclamando cosas que liquiden su hegemonía, como un parlamento plural y un gobierno democrático, elegidos con el voto directo. Por eso activan el freno.

Y el freno se pudo evidenciar el pasado sábado 11 de mayo, cuando la Policía y la Seguridad del Estado dispersaron la marcha espontánea por el Orgullo Gay, que en Cuba se rebautizó oficialmente como Conga contra la homofobia. Mariela Castro, hija de Raúl y sobrina de Fidel, siendo heterosexual, (lo cual no la inhabilita), pretende monopolizar en Cuba la lucha por los derechos del colectivo LGTBQ+. Su lucha es loable, el autoritarismo con que ella la lleva a cabo es despreciable. Parece genético.

Aparecen críticas, nada infundadas, sobre estos movimientos por los derechos civiles o causas no políticas en Cuba. Desde el oficialismo se sabe la razón, pues amenazan su dictadura unipartidista. Y desde los sectores opositores, porque es patente la idea de que lo primero es luchar por la causa principal de todos los problemas: la falta de democracia.

Sin embargo, la realidad es que todo lo que ayude al despertar cívico es bueno y útil. Aquí sí vale el dicho “todos los caminos llevan a Roma”, porque toda ganancia en materia de libertad y civismo ayudará al rescate inevitable de la soberanía popular. Pero mientras se logra, hay que tener conciencia de que la respuesta lógica del régimen del Partido Comunista, que se siente el dueño de Cuba, será con más represión.

Incluso puede que lleguen a la violencia extrema contra el pueblo, (ojalá no), como está sucediendo en Nicaragua y Venezuela. Pero la libertad es el bien más preciado, tiene su precio y debemos de estar dispuestos a pagarlo. Hay que templar el alma, porque tal vez se esté acercando ya la hora de Cuba.

Información y Fotos Havana Times

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