Cuba, sobreviviendo entre los imperios

La plena aplicación de la Ley Helms-Burton por parte de la administración Trump ha reavivado la hoguera nunca apagada de las contradicciones entre Estados Unidos y la Unión Europea. Al intentar otra vuelta de tuerca al garrote, la revolución cubana encuentra una vez más el obstáculo salvador del oportunismo económico de la vieja Europa.

I-De Lenin a Castro, aprovechando las contradicciones interimperialistas

Las revoluciones, al subvertir el orden existente, se colocan en desventaja frente a al mundo que les rodea, por tal razón les espera un largo y tortuoso camino de supervivencia. Cualquier rivalidad entre sus poderosos oponentes es un regalo agradecido por cualquier proceso revolucionario.

Hagamos historia. En abril de 1917 un tren especialmente protegido por las autoridades alemanas atravesó el país. Uno de sus vagones transportaba treinta agitadores bolcheviques liderados por Lenin. El gobierno alemán había preparado una bomba de tiempo contra su rival ruso, enviando a San Petersburgo a sus peores enemigos.

Las consecuencias de la decisión alemana dieron cauce a la Revolución Socialista de Octubre que estremeció al mundo durante ocho décadas.

Fidel Castro supo valerse con maestría política de las contradicciones entre las potencias imperialistas desde que en 1959, imitando al célebre Rey Sol, se dijo a sí mismo: “El Estado soy yo.”

II-La estatización de la economía cubana: 1959 a 1968, forzando el sistema legal existente.

El magnate presidente aplica la lógica correspondiente a una bronca entre aves de rapiña: si te aprovechas de la desgracia ajena, traficando con lo que a otros le quitaron, pues no te quejes si te cobran la traición.

Amenazada de muerte Cuba, otros imperios ofrecen sus buenos oficios.

China hace gala de su creciente poderío fabricando mercancías altamente competitivas bajo un socialismo peculiar, donde no faltan ni las transnacionales ni los millonarios.

Rusia, heredera de una industria militar de primer orden, además de combustibles fósiles ad libitum, busca bases latinoamericanas para  salirse de su limitada continentalidad.

Cuba habrá de coquetear con todos los imperios, pero debemos distinguir entre el gobierno que dice representar lo que un día fuera una revolución socialista, y el pueblo que no quiere perder los beneficios aún palpables de aquel movimiento social, pero cansado de esperar el reino de Dios en la tierra.

Sin embargo, el dilema está en lo inexorable de los cambios. Por su propio desarrollo interno, por la inevitable influencia del mundo a su alrededor, de no producirse los cambios, el organismo social fallecerá, arrastrando en su muerte todo lo positivo engendrado por sus creadores.

IV-Epílogo:

Un cubano, hijo de asturianos en tiempos de una economía nacional capaz de atraer decenas de miles de inmigrantes anuales, respondió a la corporación mediática El País, cuando llamó a “olvidar” lo sucedido en Cuba hace 60 años:

“Fue no solo la erradicación del capitalismo de entonces pasando a un capitalismo de Estado, que ya hoy  (2019) es  un capitalismo militar de Estado: fracasado y obsoleto.”

Información Havana Times (Por Vicente Morín Aguado) – Fotos: Pan Am Post, Cuba en Miami, Havana Times, Radio Martí, Perfil Formosa, Boletín de la Guerra, Infobae

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